SWR Barroselas XXI, Portugal, 27, 28 y 29 de abril de 2018

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Lo he dicho ya muchas veces y no me cansaré de repetirlo, menos aún después de comprobarlo por tercera vez: el Barroselas es el mejor festival de metal en el que he estado. A su tamaño ideal, mediano tirando a pequeño, se le suma la frescura primaveral del norte de Portugal, la amabilidad de sus gentes, la bondad de sus precios y lo excepcional de su gastronomía. Pero es que también el cartel escogido, que opta por mezclar sin reparos el espectro completo de estilos extremos, consigue un excelente equilibrio entre grandes nombres, formaciones emergentes y rarezas más o menos desconocidas que año tras año se va renovando como por arte de magia. Por si esto fuera poco, el área para acampar es un bosque (uno de verdad, con aroma a eucalipto), en lugar de un secarral yermo como en casi todos los festivales españoles, y las duchas son las de un polideportivo anexo al recinto, en vez de las habituales instalaciones provisionales en contenedores que empiezan a presentar fallos desde el primer día. Todo es abarcable y cercano, no hay agolpamientos ni colas, se permiten costumbres tan propias y con frecuencia tristemente proscritas como el stage diving, y la zona de los escenarios está cubierta con una carpa para proteger contra las frecuentes lluvias del desapacible clima atlántico, quizá el único punto menos positivo de la ubicación geográfica.

Tras asistir a las ediciones de 2010 y 2012, tenía muchas ganas de volver, pero el hecho de no haber residido en España más que provisionalmente lo había impedido hasta ahora. Establecido ya desde hace más de medio año en mi guarida madrileña, esta vez no tenía excusa, o mejor dicho sí la tenía, pero para dejar de escaquearme y montar una excursión hasta allí que me permitiera también pasar brevemente por Oporto, la ciudad donde residí entre 2010 y 2011. Por fortuna el festival no ha cambiado demasiado con respecto a lo que recordaba, ni tampoco ha crecido en tamaño, que era lo que más cabía temer. Todos los puntos positivos antes enumerados seguían estando en su lugar, con el añadido de una decoración del recinto algo más elaborada. El único punto negativo que cabría señalar, si nos ponemos quisquillosos, es que la zona con mesas y asientos para comer haya quedado dentro de la zona del festival y no sea posible acceder a ella con alimentos o bebida de fuera, al contrario de lo que pasaba anteriormente, pero la distancia hasta las tiendas es tan reducida que el problema no fue excesivamente grave. Lo pasé tan bien en esos tres días de metal, vida forestal, vino y bifanas que he vuelto exultante de felicidad, y cuento ya los días para la siguiente edición. A continuación, un resumen de lo que fue el Barroselas XXI desde la perspectiva de un servidor y su acompañante.

 

Viernes 27 de abril

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Mortuary Drape

Estábamos ya a escasos kilómetros de Barroselas, y yo me había hecho a la idea de que me perdería a Mortuary Drape, cuando me percaté de que al cruzar la frontera la hora había cambiado, y estábamos llegando sesenta minutos antes de lo que indicaba el reloj del coche. Este regalo inesperado nos permitió plantar la tienda con tranquilidad en medio de un círculo de robles y eucaliptos, dar un tiento a la primera botella de vino y acceder al recinto justo a tiempo para ver a los italianos. Su actuación no fue muy distinta de lo que pude ver en el último NWN!, y eso fue algo bueno: black metal con mucho componente heavy para animar y mover el esqueleto en las primeras horas. El sonido fue un tanto deficiente en todos los conciertos del viernes, aunque por fortuna al día siguiente el percance ya estaba arreglado. Ello no empañó un recital muy cañero y disfrutable.

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Master’s Hammer

Nuestra tesis es que el vino es muy superior a la cerveza a efectos festivaleros, por tres motivos fundamentales: se puede beber sin necesidad de enfriarlo, pega más fuerte y no hace ir tanto al baño. De ahí que lleváramos seis botellas para todo el festival, sin la obligación de transportar gran cantidad de latas o tercios ni una neverita para mantenerlos frescos. Tras regresar a la tienda para repostar zumo de vid, volvimos para presenciar el concierto que más ilusión le hacía a un servidor esa noche: los míticos Master’s Hammer. Sabía perfectamente que los checos son desde hace tiempo un grupo de señores mayores en toda regla, por lo que no esperaba nada distinto del espectáculo fluido pero relajado que pude ver. El setlist incluía un número abultado de temas del último disco, cosa que no es habitual en festivales, aunque en este caso no fue un gran problema, ya que el álbum en cuestión es bastante decente. Hubo sitio no obstante para un puñado de clásicos, en una interpretación modernizada que los aproximaba a sus creaciones más recientes. Los teclados pregrabados chirriaron más de la cuenta debido a los problemas de sonido, pero ese defecto quedó compensado por la fantástica impresión de los timbales tocados en directo. Fue una fabulosa experiencia averiguar cómo suena en vivo esta música tan particular, y quedé altamente satisfecho.

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Exhorder

Este grupo sureño ha pasado a la historia como inventor de la fórmula que más tarde popularizó Pantera, y no es para menos, porque suena muy parecido, aunque sin las simplezas, los ritmos entrecortados y el rollito de matón de barrio que hacían tan insoportables a Phil Anselmo y sus secuaces. Exhorder tocan crossover thrash embrutecido, simple pero muy cañero, que en directo funciona de maravilla. Por la cronología irregular de la formación puede deducirse que asistimos a un concierto de reunión antes que a la actuación de un grupo longevo que continúa en activo, teniendo en cuenta además que todo su material es de principios de los noventa. Ello no fue óbice para que figurara como cabeza de cartel del primer día, y la gente pareció responder muy bien a su desempeño sólido y enérgico.

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Obliteration

Tras concluir el concierto de Exhorder, pasamos al segundo escenario para ver a un grupo que empezaba con energía: los noruegos Obliteration. Tal vez el cansancio del viaje empezó a pasar factura justo en ese momento, porque recuerdo vagamente aquello, o quizá es que sencillamente no me llamó mucho la atención su death/thrash cañero pero más bien plano. En todo caso, aunque la música no llegara a impresionarme en exceso, sí me gustó comprobar el dinamismo que gastan las formaciones más jóvenes de lo habitual.

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Mortiis

El siguiente grupo programado era Mortiis, que cerraría las actuaciones en el escenario principal. Pese a ser fan de sus discos de ambient de los 90, o precisamente por eso, temía que el troll más célebre de Noruega apareciera con el circo de metal industrial que capitanea desde hace muchos años y nos aguara el último tramo de la noche. Sorprendentemente, el músico se presentó en solitario para marcarse una sesión ambiental al estilo de sus primeros discos, que primero me dio buena espina pero no tardó en hacérseme un poco espesa. Aunque me guste escuchar ese estilo de vez en cuando, en solitario recogimiento, no creo que fuera el más idóneo para cerrar la primera noche de un festival de grupos de metal, y tras cansarme más pronto que tarde de ver a un señor vestido de troll manipulando un teclado y un sintetizador sin mediar palabra, me dediqué a dar una vuelta por los puestos de discos y merchandising, antes de rendirme a la evidencia de que ya iba necesitando irme a dormir. Así concluyó la primera jornada festivalera, corta pero intensa.

 

Sábado 28 de abril

Tras haber descansado largamente de la paliza de la víspera y después del paso obligado por las fantásticas duchas de las instalaciones deportivas adyacentes, emergimos listos para un segundo día mucho más largo y lleno de acontecimientos. Nos zampamos sendas pizzas gigantescas en el Big Mannu’s, el restaurante de referencia del festival, principalmente por ser el único situado a una distancia razonable del mismo. Precios generosos, servicio amable, café delicioso… ¡cómo habíamos echado de menos Portugal! Nos dirigimos después a la tienda a comenzar con la degustación de productos de Ribera del Duero (ya que íbamos a beber vino sin mezclar, mejor comprarlo bueno), y junto a ella nos encontramos con un conocido de León acompañado por un círculo de colegas a los que nos unimos, intercambiando nuestro vino por su whisky y echándonos unas risas. Llegadas las 19, nos pusimos todos en camino hacia el recinto para asistir al primer concierto en el escenario grande.

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Looking for an Answer

He aquí un destacado grupo de grindcore, conocido a escala internacional y con cierto caché. Además son de Madrid igual que yo, por lo que tenía verdadera curiosidad por descubrir su música en directo. Looking for an Answer suena a grind modernizado (es decir, post-noventero), con más contundencia e influencias death metal en la longitud y estructura de las canciones. El equilibrio entre intensidad y desarrollo está muy conseguido, y hace que uno no se canse de escuchar sus temas uno detrás de otro. Las tablas se hicieron notar, y el sonido había mejorado mucho con respecto a la víspera, por lo que la impresión fue muy grata en este primer asalto de la tarde.

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Flageladör

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Interment

Tras el recital de los madrileños, pasamos al otro escenario, donde empezaban a tocar los brasileños Flageladör, uno de esos grupos de thrash cañero pero marcadamente retro. Las canciones eran potentes y estaban ejecutadas con energía, pero sonaban todas iguales, y probablemente resulten muy tediosas en disco. En directo, por supuesto, todo entra mucho mejor, y entre la potencia del sonido y las ganas que pueda poner el grupo es fácil encontrarle puntos positivos hasta a las cosas más planas, como la siguiente formación que vimos, los suecos Interment. Mi experiencia observando su actuación en el Wolfthrone de 2015 fue muy negativa, porque me pareció un death sueco de segunda B absolutamente anodino. Esta vez sonaron bastante mejor y me gustaron más, aunque no cambié de opinión con respecto a sus composiciones, a las que les seguía faltando todo el brillo y la imaginación de sus compatriotas más ilustres. Pero un poco de death metal sueco nunca viene mal, aunque sea de tercera, por lo que la sensación tampoco fue totalmente desagradable.

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Nifelheim

Un poquito más tarde empezó lo bueno con los también suecos Nifelheim, uno de los pesos pesados del día. El grupo responde a la etiqueta black/thrash, un apelativo que podría remitir a algo retro si no fuera porque en este caso la formación es casi tan antigua como el propio black metal. Con una trayectoria longeva y álbumes tan escasos como brillantes, Nifelheim es probablemente uno de los mejores exponentes de dicho microsubgénero. Pero aún hay más, porque lo auténtico de su actitud y la energía que desprendieron en directo hicieron de la actuación una experiencia altamente intensa e gozosa. Uno podría haber pensado que esta pareja de gemelos entrados en años, con menos pelo que el personal de Obús, no sería capaz de encender a la gente, pero eso habría sido equivocarse miserablemente, por fortuna para todos los asistentes.

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Suffocation

El cabeza de cartel del sábado era indudablemente el mayor reclamo de aquella noche. Tras ingerir los restos de la pantagruélica pizza del mediodía y esquilmar la cuarta botella de vino de la aventura, nos adelantamos hasta tomar una posición aventajada, cosa que no fue muy difícil, porque por suerte ninguno de los conciertos estuvo realmente abarrotado. Con su directo se confirmó que Suffocation son la bestia parda que cabía esperar: death metal técnico y potente, con un magistral manejo del ritmo y un perfecto equilibrio entre asaltos frontales, medios tiempos y pausas intempestivas. Mil veces plagiado e imitado, el original sigue resultando muy preferible a cualquier mala copia con una milésima del ingenio y la intuición primigenios. La única pega fue no ver al mítico vocalista Frank Mullen al micro, que hace poco había anunciado su retirada, pero un servidor no pensó que pudiera haberse producido con tanta rapidez. Nunca antes los había visto en concierto, y tampoco son uno de mis grupos predilectos, pero los aprecié y disfruté igual que valoro y estimo su música.

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Filii Nigrantium Infernalium

En cuanto los neoyorquinos terminaron de tocar empezó a oírse un estruendo proveniente del segundo escenario, al subir al mismo los portugueses Filii Nigrantium Infernalium. La música no sonaba mal y el grupo se mostró muy entregado, pero pronto quedó patente que estábamos ante un grupo más bien modesto en cuanto a calidad compositiva. Su estilo es un black metal simple y primitivo tan trufado de heavy metal que se parecía mucho más a Motörhead que a los primeros Bathory. El concierto fue satisfactorio, pero me hizo pensar que probablemente en disco no valdrían mucho la pena, como pude comprobar unos días más tarde, ya en casa.

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Evil Invaders

El siguiente grupo fue uno de esos que le rompen a uno los esquemas, al menos en lo que al directo se refiere. Volví al escenario principal con la idea de ver una formación joven pero retro, vagamente entretenida, y lo que pude presenciar me sorprendió totalmente. Evil Invaders son un grupo de heavy/speed metal que, efectivamente, suena tan ochentero como Tears for Fears, pero también son gente joven y dinámica que se pasó todo el concierto dando saltos y piruetas incesantes, animando al público y dando un espectáculo digno de los mejores vídeos vintage de la VH1. Esto me hizo relativizar mis planteamientos habituales, porque aunque yo no sea muy fan de los grupos rigurosamente retro, lo cierto es que nunca había visto ningún concierto heavy epiléptico y delirante como los de los ochenta, y la experiencia me pareció fabulosa. Aunque en sus grabaciones sean cualquier cosa antes que novedosos, como pude averiguar posteriormente, su directo me pareció sobresaliente.

Antes de retirarnos hacia la tienda, aún pudimos ver en el escenario exterior una parte de la actuación de los gallegos Lóstregos, otro de esos grupos sin excesivo interés que conformaban el pelotón de inicio y cierre de cada jornada. En este caso se trataba de black metal más bien convencional cuya pretensión de sonar atmosférico se veía truncada a intervalos regulares por dejes jebilongos fuera de tono. Lo más notable del concierto fue la despedida, en la que proclamaron ser oriundos “da Galiza, e non da puta España”, cosa que a uno no puede sino hacerle gracia viniendo de habitantes de uno de los feudos principales de la derecha españolista. Nos perdimos el último grupo, los asturianos Totengott, cuando al ir a por más vino nos volvimos a cruzar con la gente de por la tarde y nos quedamos con ellos de charla, bebercio y picoteo hasta que se nos cerraron los ojos de sueño.

 

Domingo 29 de abril

El domingo prometía ser un día más tranquilo que los anteriores por el cansancio acumulado, el cartel más relajado reservado para el último día y la previsible menor afluencia de público en víspera de un día laboral. Comenzamos con calma la jornada, durmiendo hasta tarde y apareciendo a una hora bastante avanzada por el Big Mannu’s para degustar, esta vez, una rica hamburguesa casera. Tras el paso por un bar de viejos local para tomar un vino de Oporto a modo de digestivo (cosa que también habíamos hecho la víspera), repetimos la ceremonia de apertura de caldos castellanos y libaciones enológicas antes de meternos al primer concierto que nos interesaba, el de los vascos Altarage, una formación que copiaba el atuendo de Mgła (con cofia de Nazgûl en lugar de media en la cabeza) y también su sonido, a caballo entre black y metal atmosférico, pero sin la genialidad de los polacos para acuñar buenos riffs. Tras aquella actuación con buen sonido pero no demasiado inspiradora, nos trasladamos al escenario pequeño para ver a los gallegos Black Panda, un grupo coruñés de hardcore animado pero simple que nos hizo más gracia por el rollo desenfadado que gastaban sus miembros que por la propia música en sí, enérgica pero un tanto repetitiva.

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Irae

Entrada ya la tarde dio comienzo uno de los conciertos que yo esperaba con más expectación, correspondiente a un conocido grupo de la escena nacional. Irae toca un black metal “convencional”, en el sentido de que sigue a una de las formaciones clásicas, en este caso Darkthrone, sin distanciarse demasiado del guion. Muestran talento para encontrar riffs emotivos que llaman la atención, pero les falta la perspicacia o la fuerza de voluntad necesarias para encajarlos en composiciones más ambiciosas con las que desarrollar un estilo propio. En todo caso, estas son consideraciones más propias de la crítica de discos, en directo el black metal crudo y primitivo siempre es bienvenido cuando suena bien, como fue el caso, por lo que no tengo excesivas quejas de lo que pude ver y oír frente al escenario.

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Agathocles

El turno siguiente, previo paso por el campamento para reponer combustible, correspondió a los belgas Agathocles, formación longeva donde las haya. Además de ser un pilar fundamental dentro del estilo grindcore, también destaca por ser uno de esos grupos cuya discografía es más extensa que los doce tomos de Historia de la Tierra Media, dado que han grabado compartidos con casi cualquier otra banda que se haya cruzado por su camino. En lugar de mezclar su estilo en mayor o menor medida con subgéneros del metal como el death, los amberinos practican un grind más bien puro, con canciones que a menudo no superan el medio minuto de duración y son una descarga tan potente como efímera, abordando temas generalmente ajenos al metal como son el antifascismo o la liberación animal. Nada que objetar a todo ello, el concierto fue cañero y disfrutable, y resultó de gran interés poner caras y sonido a un nombre de grupo que este cronista había leído con frecuencia pero nunca se había dignado a escuchar.

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Carpathian Forest

El cabeza de cartel del domingo era un grupo conocido por cualquier aficionado al black metal noruego: Carpathian Forest. Pese a gozar prácticamente del mismo nivel de fama que los pioneros del género en su tierra, esta formación no está a la altura de sus predecesores en el aspecto musical, ya que después de un primer EP interesante se sumergió en el desarrollo de una fórmula de “black ‘n’ roll” más parecida a Motörhead que a Mayhem, y por ello más plana y simple de lo deseable. Sin embargo, también se trata de un grupo con solera y experiencia (y con un frontman muy personaje), capaz de ofrecer un buen concierto a pesar de su querencia por las versiones heterodoxas que no encajan bien con el resto del repertorio. El excelente sonido jugó en su favor y terminó de redondear un directo muy disfrutable que difuminó lo suficiente las evidentes carencias compositivas.

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Nekromantheon

Segundos después de que sonara la última nota del grupo grande de la noche, desde el escenario menor unos compatriotas suyos daban comienzo a una descarga de black/thrash potente e inmisericorde. Este conjunto noruego, bajo el nombre de Nekromantheon, comparte la mitad de la plantilla con los Obliteration reseñados más arriba, pero a un servidor le gustaron más que aquellos por sus temas sencillos pero agresivos y directos. Su fórmula se asemeja ligeramente a la de Nifelheim o Desaster, pero con un toque modernizado y una intensidad incesante. A posteriori puedo añadir que en disco también me han gustado, por lo que los recomiendo sin reparos.

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Church of Misery

El último grupo destacable del domingo fueron los japoneses Church of Misery, una de esas formaciones del país nipón que copia con una mezcla de adoración y descaro a algún nombre archiconsagrado, en este caso Black Sabbath. Pero copia no siempre significa vulgar clon, ya que su estilo tiene más pesadez doom que el original, y evita conscientemente las trivialidades roqueras del stoner, cosa que es de agradecer. Además de esto, sus miembros son muy buenos músicos, y fue un deleite verles desarrollar en directo esa magia que desprenden los intérpretes más diestros. Esta música más lenta y pausada que todo lo anterior puso un buen broche final al festival, al menos en lo que a los escenarios grandes se refería, ya que poco después del concierto dio comienzo la evacuación previa a su desmantelamiento.

Abandonamos el recinto y recalamos durante un rato en el escenario exterior, donde todavía actuarían dos grupos nacionales más, los death/black metaleros Theriomorphic, de un estilo más bien modesto, y la formación de grindcore RDB, que pusieron bastantes ganas pero supieron a poco después de haber catado a Agathocles pocas horas antes. Entre un concierto y otro nos acercamos a buscar la recena a un puesto de bifanas (un bocadillo portugués de carne de cerdo asada con salsa), y poco rato después regresamos para repetir por lo buenísimas que estaban, cosa que hizo mucha gracia a las dos chicas que estaban atendiendo. El cansancio ya pesaba y el ambiente decaía por momentos, así que decidimos retirarnos a reposar antes incluso de que terminara la última actuación.

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Barcelos en fiestas

Al día siguiente nos esperaba una lenta y trabajosa recogida de tienda y enseres, seguida del viaje hasta Oporto, con parada en Barcelos para dar una vuelta. Pasamos todavía un día más en la capital norteña, que empleamos en tours nostálgicos por los parajes que frecuentábamos cuando vivíamos allí y copiosas comilonas degustando varios platos de la fantástica gastronomía portuguesa, antes de regresar a nuestro hogar para empezar a preparar los exámenes de la Escuela de Idiomas. Además de todo lo expuesto anteriormente, hay tres felices conclusiones que deseo exponer a modo de balance final. Por un lado, hemos descubierto con tanta satisfacción como sorpresa que todavía no estamos tan viejos como para no poder sobrevivir a tres días de acampada. Por otra parte, hemos redescubierto lo mucho que nos gusta el ambiente festivalero y esa suspensión de la realidad y retrotransporte a una época arcaica de rituales de ruido, excesos y retorno a la naturaleza. Finalmente, recuperados ya del cansancio físico más inmediato inherente a una empresa de esas características, nos damos cuenta de la mucha vidilla que esto le da a la planitud de la existencia cotidiana. Hacía mucho que no recordaba haberme marchado de un festival deseando volver (generalmente deseaba escapar y darme una ducha, por ese orden), y este ha sido el caso. Como decimos al final de todos nuestros programas, “¡hasta la próxima!”.

Escuchando: John Coltrane – 1965 – A Love Supreme (2002)

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