[El Negro Metal] Nuevo artículo: El metal extremo en el cine

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Películas que traten el heavy metal hay unas cuantas, pero las que abordan el metal extremo podrían contarse con los dedos de una mano, y todas ellas son bastante recientes. En un formato tan mainstream como suele ser el cine, no es nada raro que el metal extremo haya quedado por lo general fuera del radar, aunque es preciso puntualizar que el tratamiento recibido por el heavy metal más convencional nunca ha sido realmente ortodoxo. Desde que dicho género se puso de moda a finales de los setenta, casi todas sus apariciones en la gran pantalla han retratado un tipo de música fundamentalmente anclado en el rock, sin que puedan discernirse diferencias claras entre ambos campos. Ese es el caso de El mundo de Wayne (Wayne’s World, 1992), Cabezas huecas (Airheads, 1994) o, al otro lado del charco, las dos partes de Isi/Disi, Amor a lo bestia (2004) y Alto voltaje (2006). Todas ellas coincidían en una visión estereotipada y humorística, pero que no entraba en disquisiciones sobre la propia música o los aficionados a la misma. En esencia, no hay excesiva diferencia con las películas, mucho más numerosas, que abordan con más o menos fortuna el mundo más amplio del rock, como por ejemplo Cero en conducta (Detroit Rock City, 1999), Escuela de rock (School of Rock, 2003) o la que sin duda es la mejor de todas y un clásico imprescindible, This Is Spinal Tap (Rob Reiner, 1984). Ahora que un producto comercial como Lords of Chaos acaba de traer de vuelta al mundo del cine ecos del metal extremo y underground –poniendo todo el énfasis en el drama y casi nada en la música, como era de prever–, no es mal momento para echar la vista atrás en busca de otros títulos que se hayan sumergido también en los terrenos más oscuros y recónditos de los estilos guitarreros. […]

El metal extremo en el cine

Escuchando: Shostakovich – Piano Concertos Nos. 1 & 2 (BBC Scottish SO, Litton, Hamelin, 2003)

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Deströyer 666 @ Silikona, Madrid, 05.04.2019

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El pasado viernes los australianos afincados en Londres Deströyer 666 pasaron por Madrid en la gira de presentación de su nuevo EP, Call of the Wild, y un servidor decidió no perderse la cita. Vinieron acompañados por un grupo local llamado Sota de Bastos, que no llegué a ver, a pesar de haberme quedado maravillado con su nombre, así como de los vitorianos Nuclear Revenge, una jovencísima formación de black/thrash bastante potente y muy apropiada para abrir el concierto del grupo principal. Aunque aprecio casi toda la discografía de los aussies, el último álbum largo no fue de mi agrado por tratarse, a mi modo de ver, de una simplificación y trivialización de su estilo característico, así que no sabía muy bien a qué atenerme en lo relativo al repertorio. Temía que pudiera limitarse casi exclusivamente a lo más reciente, cosa que afortunadamente no sucedió. Por otra parte, de la formación clásica llegada de Australia tan sólo queda el líder y vocalista, por lo que desconocía hasta qué punto iba a encontrarme con una plantilla consolidada o una cohorte de reemplazos más o menos temporales. Por suerte, todos los músicos resultaron ser sobresalientes, y la actuación fue tan enérgica y entregada que no me arrepentí lo más mínimo de mi asistencia.

Los grupos que militan en el terreno del black/thrash suelen caracterizarse por una intensidad constante que en estudio a menudo produce resultados demasiado simples o tediosos, pero en directo se convierte en una virtud, al conseguir que hasta la más sencilla de sus canciones suene como un vendaval de destrucción, con la consiguiente reacción alocada por parte del público, como sucedió en esta ocasión. Este defecto relativo afecta incluso a los nombres más encumbrados de este particular subsubgénero que, en opinión de este cronista, serían Nifelheim, Aura Noir y Desaster. Deströyer 666 no es una excepción a esta regla, aunque cuenta con un estilo propio suficientemente marcado como para que su música consiga sobresalir. Lo cierto es que ninguno de sus discos me parece una verdadera obra maestra de principio a fin, pero todos ellos tienen temas o pasajes logrados y destacables. Verlos en concierto ha añadido una nueva dimensión en la que el grupo gana muchos enteros, y fue imposible no mover la cabeza y disfrutar del espectáculo, en una sala con el tamaño perfecto para un grupo de tamaño mediano y, cosa no menos importante, precios populares y ambiente familiar.

Escuchando: Carnivore – 1987 – Retaliation