Hugo, Victor – Le dernier jour d’un condamné (1829)

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Hugo, Victor – Le dernier jour d’un condamné, Flammarion Librio, 1995

Este librito breve es una de las obras de juventud del gigante literario que fue Victor Hugo, insigne poeta, destacado dramaturgo y novelista de gran éxito, una de las figuras más señaladas de la literatura francesa de todos los tiempos, y en él se narran en forma de diario los últimos instantes de un condenado a la guillotina por un delito de homicidio. Su modesta extensión y presencia discreta entre títulos tan notorios como Hernani, Los Miserables o Nuestra Señora de París no debe despistarnos sobre la tremenda relevancia que tuvo y sigue teniendo esta obra en el ámbito político y social. Fue publicada originalmente en 1829, cuando el escritor tan sólo contaba con 27 años, primero de forma anónima, y tres años más tarde firmada y con un prefacio del autor. Para entender hasta qué punto el libro pudo ser llamativo en su época hay que imaginar que en la fecha de su publicación la pena de muerte era aún algo perfectamente normal para la mentalidad contemporánea, e incluso la aplicación a través de la guillotina practicada en la Francia de entonces era para muchos el culmen de la eficiencia indolora y el castigo “civilizado”.

Al abordar el librito lo más sorprendente tal vez sea el encontrarse con un lenguaje que, salvo las referencias a los objetos y costumbres de la época, podría ser casi actual en su parquedad y llaneza. Esto quizá se deba sencillamente a que la prosa francesa tiende desde hace varios siglos al conservadurismo y evoluciona muy lentamente, pero hace que uno se sienta mucho más cercano a la voz del narrador a pesar de la considerable distancia temporal que nos separa de la fecha de publicación. El estilo es fluido y preciso, rasgos también habituales de la literatura francesa, y consigue resultar muy vivo y dramático sin caer en lo lacrimógeno, lo cual, dada la gravedad del tema abordado, no deja de ser digno de elogio. La idea de fondo, el rechazo de la pena de muerte, está clara en todo momento, pero se explica con sutileza a través de las reflexiones y padecimientos de un narrador que no recurre a argumentos más racionales o ponderados, lo cual no sólo desentonaría con su angustioso estado de ánimo, sino que mermaría la fuerza expresiva y sentimental que tanto contribuyen a la identificación del lector. Pese a no llegar a ser del todo explícito, el punto de vista es progresista y humano, y aunque sorprende por su modernidad, encaja perfectamente con muchas otras facetas del pensamiento de Hugo, que se opuso a la monarquía y la esclavitud y se posicionó a favor de los derechos de las mujeres, los desfavorecidos y hasta la creación de unos Estados Unidos de Europa.

El personaje escogido para contar su propia historia resulta muy apropiado, ya que es alguien relativamente culto y con el conocimiento necesario como para darse cuenta de todo lo que le ocurre y poder explicarlo con claridad. Al mismo tiempo, es una persona lo suficientemente sincera y directa como para generar casi de inmediato empatía y compasión. Lo curioso de su trasfondo es que nunca se llega a detallar exactamente el crimen que cometió, pero en el fondo eso no es tan importante, porque lo que aquí se aborda es la forma de tratar al condenado, no el fundamento de la propia condena en sí. Esto último contribuye a que la reflexión que suscita el libro sea más general por ser impersonal, ya que tampoco se dan más datos acerca del narrador de los que él mismo aporta de manera dispersa. Se podría añadir que dicha reflexión consigue también ser atemporal, no sólo debido al hecho de que siga habiendo pena de muerte en muchos lugares en la actualidad, sino porque en la obra se rebaten muchos argumentos que aún a día de hoy siguen esgrimiéndose, como el de la necesidad de eliminar físicamente a determinados malhechores, la posibilidad de una muerte “limpia e indolora” o el arrebatar la vida a modo de castigo ejemplar. Más que reflejar la firmeza del Estado o la inflexibilidad de las leyes, este tipo de sentencias, convertidas en espectáculo público y fuente de crueldad gratuita, demostraban la banalidad de la muerte y la falta de sensibilidad de una sociedad que no era tan distinta ni estaba tan alejada de la nuestra. Quien crea en la posibilidad de una sociedad más justa y más humana puede mirarse en el espejo que constituye la obra más comprometida de Victor Hugo, empezando por este opúsculo tan breve como esencial.

Escuchando: Pensées Nocturnes – 2019 – Grand Guignol Orchestra

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[El Negro Metal] Disco del mes – NOVIEMBRE: Asmodee – Aequilanx (Demo, 1997)

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Asmodee – Aequilanx (Drakkar Productions, 1997)

Para nuestra reseña de noviembre contamos con una firma invitada de lujo, que sonará familiar a no pocos lectores, nada menos que el propio D.A.R.G., comentando en nuestro idioma las virtudes de la única maqueta del grupo francés que fue el germen de lo que más tarde se convertiría en la formación S.V.E.S.T., de la que ya hemos hablado en estas mismas páginas.

Una de las distinciones del satanismo francés es su larga historia de herejías reales, censuradas y perseguidas por la Iglesia Católica aún hasta finales del siglo XIX, y que nada tienen que ver con las payasadas del judío Howard Stanton Levey en los Estados Unidos de América en el siglo XX. Por otra parte, nos dice Robert Ziegler en su libro Satanism, Magic and Mysticism in Fin-de-siècle France que el famoso ocultista Alfred Waite caracterizaba a Francia como una tierra fértil para el esparcimiento de la magia negra, condenando a la gente de dicho país como ingenua y supersticiosa. A pesar de esto, Ziegler también nos explica cómo, en el retrato que Joris-Karl Huysmans escribe bajo el título Là-Bas, podemos encontrar una reproducción fiable de cultistas y artistas que adoraban y expresaban un diablo interior, un verdadero culto a la decadencia como lo auténtico. Es precisamente esta clase del susodicho “diabolismo” lo que encontramos en las letras que S.V.E.S.T. expondrá de manera elegante en obras como Veritas Diaboli Manet in Aeternum, diez años después del presente demo de Asmodee. […]

Asmodee – Aequilanx (Demo, 1997)

Escuchando: El Reno Renardo – 2018 – Hostiopatia

Houellebecq, Michel – Les particules élémentaires (1998)

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Houellebecq, Michel – Les particules élémentaires, Flammarion, Paris, 1998

Les particules élémentaires es la segunda novela de Michel Houellebecq, uno de los escritores contemporáneos más famosos y polémicos de Francia, tanto por el contenido de sus obras como por sus controvertidas declaraciones. Atípico en muchos aspectos, bebe más de autores heterogéneos o sui géneris, como Sade, Huxley o Céline, antes que de la tradición canónica francesa. Es tal su importancia en Francia que su último libro se convirtió prácticamente en cuestión de estado, dividiendo radicalmente al país entre partidarios y detractores. Sin deseo de entrar en el debate sobre el personaje en sí, ciertamente peculiar y complejo, lo cierto es que la novela me ha gustado mucho, porque considero que pese a la recurrente sordidez y la aparente disparidad de elementos hay ideas de base originales y un estilo propio característico que confieren entidad y dotan de interés a la lectura.

El libro cuenta la historia de dos hermanastros de familias desestructuradas, nacidos en la época del baby boom, que viven vidas paralelas, muy distintas en su trayectoria pero con un grado similar de insatisfacción. Ambos encaran el ecuador de su vida con viento adverso y cada uno opta por una estrategia distinta para capearlo, que le llevará por senderos inesperados. Tanto estos personajes como los demás resultan un tanto arquetípicos de primeras, pero esto facilita la identificación con sus desventuras, especialmente cuando a través de la evocación de la vida pasada de los dos se va reconstruyendo el rompecabezas de su personalidad, que termina encajando hasta sus últimas consecuencias. A pesar de la enorme distancia que los separa y de sus aspiraciones diametralmente opuestas, ambos conforman la cara y la cruz de una misma moneda que aquí se dibuja con viveza y precisión: la imagen de la neurosis moderna.

La prosa de Houellebecq se caracteriza por un estilo accesible y depurado, casi sin florituras, en el que se mezclan tonos narrativos muy diferentes que constituyen lo que podría calificarse de relato patchwork, ya que une discursos propios de la sociología histórica, la divulgación científica, la cultura popular trivial o la apatía y el desencanto contemporáneos, ámbitos aparentemente inconexos entre sí pero que juntos configuran un todo rico y colorido verdaderamente original. La novela entera está impregnada de tintes sórdidos que no obstante resultan por lo general muy humanos y no excesivamente gratuitos, al contrario de lo que, por lo que tengo entendido, puede leerse en obras posteriores. La historia es predominantemente triste, aunque no forzosamente pesimista, y deja un sabor agridulce pero sabiamente desprovisto de derivas melodramáticas, lo que permite al lector ceñirse al conjunto de la trama en lugar de centrarse tan sólo en las vicisitudes de los personajes.

Esta es una novela auténticamente posmoderna en el sentido de que economía, sociedad y cultura se conciben como un todo unitario e indisoluble. El enfoque con el que se aborda también es posmoderno, ya que rehúye claramente el racionalismo y moralismo clásicos, mostrando un énfasis en lo formal y lo ecléctico, y prescindiendo de cualquier tipo de ideología o compromiso social. La psicología desempeña también un papel muy importante, y son especialmente interesantes las observaciones del narrador sobre mujeres y hombres, desde una especie de paternalismo cínico respecto de las primeras y desprecio matizado frente a los segundos. La perspectiva histórica es asimismo esencial, tanto a la hora de analizar y valorar acontecimientos y pautas del pasado como de diseccionar el tiempo de la narración desde un punto de vista situado en el futuro y presuntamente “neutral”. Todo esto hace que las reflexiones del autor resulten pertinentes por su amplitud de miras y fundamentación, así como por su manera de aproximarse a los grandes problemas de la humanidad en la fecha de publicación, que no han cambiado en exceso hasta el día de hoy. Desconozco si leeré otro libro suyo, porque no sé si alguno alberga el mismo interés, pero sí puedo decir que éste es bueno y merece la pena.

Escuchando: Pata Negra – 1988 – Blues de la Frontera

Perceval le Gallois (Éric Rohmer, 1978)

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Abordé esta película no sin cierto temor, por eso de que un título secundario de uno de los titanes de la Nouvelle Vague tenía todas las papeletas de acabar siendo un tostón infumable. Pero nada más lejos de la realidad, mis prejuicios eran totalmente infundados, ya que este filme recrea una de las historias de las leyendas artúricas siguiendo al pie de la letra los textos de Chrétien de Troyes (convenientemente adaptados para resultar inteligibles), con una escenografía teatral de interiores que incluso en retrospectiva produce un adecuado efecto atemporal y una omnipresencia del canto y la música medievales que enriquece enormemente la atmósfera arcaizante. El final (o finales) inusual y el estilo fresco y ligero muy similar al teatro grabado terminan de redondear una película tan sui generis como atractiva que supone todo un descubrimiento. Ahora que ya le he perdido el miedo, estoy listo para ponerme con Pauline à la plage, aunque no tengo muy claro que no vaya a arrepentirme.

Escuchando: Necros Christos – 2018 – Domedon Doxomedon

[El Negro Metal] Disco del mes – MARZO: Peste Noire – Ballade Cuntre lo Anemi Francor (2009)

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Peste Noire – Ballade Cuntre lo Anemi Francor (De Profundis Éditions, 2009)

En las últimas semanas he estado escuchando con frecuencia este disco, junto a la discografía completa del grupo que lo sacó hace unos años, y me he llevado una grata sorpresa. Por comentarios de terceros y valoraciones leídas por doquier me había dado la impresión de ser una formación burdamente ultraderechista, a juzgar por el consenso de su adscripción a la escena NSBM, y al mismo tiempo una propuesta gratuitamente excesiva y heterodoxa, que mezclaría sonidos e influencias múltiples sin ton ni son con el simple ánimo de asombrar o extrañar en un plano superficial. Lo cierto es que Peste Noire no es ninguna de las dos cosas, pero cuesta un poco llegar a esta conclusión, no sólo por el arraigo de que gozan dichas opiniones entre muchos fans del metal, sino también porque el grupo no lo pone nada fácil, y no parece estar por la labor de resultar muy accesible. Tras escuchar todos sus discos de principio a fin, mi conclusión es que Ballade Cuntre lo Anemi Francor es, si no el mejor de ellos, tal vez sí el más representativo de su evolución, y el que más me ha gustado a nivel personal. L’Ordure à l’état pur, el siguiente álbum, quizá sea más ambicioso y conseguido, pero el camino que llevó hasta esa fórmula tuvo que pasar necesariamente por su predecesor, formalmente más sencillo pero también más centrado. Del resto de títulos principales, los dos primeros están, en opinión de este cronista, demasiado ligados al black metal francés canónico de los noventa del que surgió el grupo, y en los dos posteriores, pese a su interés, no se consigue llegar mucho más allá de lo alcanzado durante su etapa media. Aquí es donde nos situaremos, con este disco que lleva un extraño nombre en francés antiguo, cuya curiosa portada, mezcla de miniatura medieval y grafiti punk, resume visualmente la síntesis difícil pero lograda, tanto sonora como conceptual, en la que radica la originalidad del grupo, rechazado por muchos debido a aspectos musicales y extramusicales que comentaremos a continuación. […]

Peste Noire – Ballade Cuntre lo Anemi Francor (2009)

Escuchando: Candlemass – 1988 – Ancient Dreams