Houellebecq, Michel – Les particules élémentaires (1998)

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Houellebecq, Michel – Les particules élémentaires, Flammarion, Paris, 1998

Les particules élémentaires es la segunda novela de Michel Houellebecq, uno de los escritores contemporáneos más famosos y polémicos de Francia, tanto por el contenido de sus obras como por sus controvertidas declaraciones. Atípico en muchos aspectos, bebe más de autores heterogéneos o sui géneris, como Sade, Huxley o Céline, antes que de la tradición canónica francesa. Es tal su importancia en Francia que su último libro se convirtió prácticamente en cuestión de estado, dividiendo radicalmente al país entre partidarios y detractores. Sin deseo de entrar en el debate sobre el personaje en sí, ciertamente peculiar y complejo, lo cierto es que la novela me ha gustado mucho, porque considero que pese a la recurrente sordidez y la aparente disparidad de elementos hay ideas de base originales y un estilo propio característico que confieren entidad y dotan de interés a la lectura.

El libro cuenta la historia de dos hermanastros de familias desestructuradas, nacidos en la época del baby boom, que viven vidas paralelas, muy distintas en su trayectoria pero con un grado similar de insatisfacción. Ambos encaran el ecuador de su vida con viento adverso y cada uno opta por una estrategia distinta para capearlo, que le llevará por senderos inesperados. Tanto estos personajes como los demás resultan un tanto arquetípicos de primeras, pero esto facilita la identificación con sus desventuras, especialmente cuando a través de la evocación de la vida pasada de los dos se va reconstruyendo el rompecabezas de su personalidad, que termina encajando hasta sus últimas consecuencias. A pesar de la enorme distancia que los separa y de sus aspiraciones diametralmente opuestas, ambos conforman la cara y la cruz de una misma moneda que aquí se dibuja con viveza y precisión: la imagen de la neurosis moderna.

La prosa de Houellebecq se caracteriza por un estilo accesible y depurado, casi sin florituras, en el que se mezclan tonos narrativos muy diferentes que constituyen lo que podría calificarse de relato patchwork, ya que une discursos propios de la sociología histórica, la divulgación científica, la cultura popular trivial o la apatía y el desencanto contemporáneos, ámbitos aparentemente inconexos entre sí pero que juntos configuran un todo rico y colorido verdaderamente original. La novela entera está impregnada de tintes sórdidos que no obstante resultan por lo general muy humanos y no excesivamente gratuitos, al contrario de lo que, por lo que tengo entendido, puede leerse en obras posteriores. La historia es predominantemente triste, aunque no forzosamente pesimista, y deja un sabor agridulce pero sabiamente desprovisto de derivas melodramáticas, lo que permite al lector ceñirse al conjunto de la trama en lugar de centrarse tan sólo en las vicisitudes de los personajes.

Esta es una novela auténticamente posmoderna en el sentido de que economía, sociedad y cultura se conciben como un todo unitario e indisoluble. El enfoque con el que se aborda también es posmoderno, ya que rehúye claramente el racionalismo y moralismo clásicos, mostrando un énfasis en lo formal y lo ecléctico, y prescindiendo de cualquier tipo de ideología o compromiso social. La psicología desempeña también un papel muy importante, y son especialmente interesantes las observaciones del narrador sobre mujeres y hombres, desde una especie de paternalismo cínico respecto de las primeras y desprecio matizado frente a los segundos. La perspectiva histórica es asimismo esencial, tanto a la hora de analizar y valorar acontecimientos y pautas del pasado como de diseccionar el tiempo de la narración desde un punto de vista situado en el futuro y presuntamente “neutral”. Todo esto hace que las reflexiones del autor resulten pertinentes por su amplitud de miras y fundamentación, así como por su manera de aproximarse a los grandes problemas de la humanidad en la fecha de publicación, que no han cambiado en exceso hasta el día de hoy. Desconozco si leeré otro libro suyo, porque no sé si alguno alberga el mismo interés, pero sí puedo decir que éste es bueno y merece la pena.

Escuchando: Pata Negra – 1988 – Blues de la Frontera

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Jenofonte – Anábasis

Jenofonte – Anábasis (Anabasis, By Xenophon), traducción de Henry Graham Dakyns (1838-1911), gutenberg.org

Esta es la primera reseña literaria de mi autoría que no viene acompañada por la foto de portada. La razón es muy simple, se trata del primer libro que he leído entero en un soporte digital, el Kindle que me compré hace ya tiempo. Normalmente me gusta adquirir los libros en papel, especialmente si son nuevos y su precio con respecto al ebook no varía demasiado, como suele ser el caso (algo totalmente incomprensible, dicho sea de paso), por lo que utilizo el dispositivo electrónico exclusivamente para hojear las obras libres de derechos que he descargado de las fantásticas páginas que se dedican a almacenar este tipo de documentos, con Project Gutenberg a la cabeza. Esto es totalmente legal, porque los derechos han prescrito, y supone una alternativa más que satisfactoria a las ediciones de clásicos que pueden encontrarse en librerías generalistas y, al menos hasta no hace mucho tiempo, consistían en traducciones que dejaban mucho que desear.

Gracias a un sitio web como Project Gutenberg he podido encontrar una versión de la Anábasis traducida por Henry Graham Dakyns (1838-1911), un profesor de Cambridge conocido precisamente por haber traducido las obras de Jenofonte. Que un libro esté exento de derechos significa que han pasado más de setenta años desde la muerte de su autor (o traductor, en este caso), lo que implica que la obra suele ser bastante antigua. Esta traducción en concreto está plasmada en un inglés decimonónico tan complejo como fascinante, trufado de vocabulario y expresiones francesas ya en desuso, y con una calidad literaria manifiesta que hace de la lectura un deleite a pesar de la dificultad. He tardado bastante tiempo en terminar de leerla, no tanto por lo ambicioso de la empresa como para poder disfrutarla con tranquilidad, y se la recomienda a cualquiera con un buen dominio del inglés que desee conocer esta historia en una versión hermosa y arcaizante.

La Anábasis, también conocida como “Expedición de los Diez Mil”, es el relato de las vicisitudes de algo más de diez mil mercenarios griegos que acompañaron al pretendiente al trono Ciro el Joven en su viaje para derrocar a su hermano Artajerjes II, rey de Persia, en el año 401 antes de nuestra era. La aventura no sale según lo esperado, y los soldados deben abrirse camino por territorio hostil, manteniéndose unidos, para intentar conservar la vida y regresar a su tierra de origen. La palabra griega “anábasis” significa “subida o marcha desde la costa hacia el interior”, en uno de esos excelentes ejemplos de la complejidad semántica que caracterizaba al griego clásico que, como es natural, ha tendido a simplificarse con el paso de los siglos. El autor es el ateniense Jenofonte, uno de los oficiales de la tropa, que resulta elegido, junto a otro general espartano, para tomar el mando de los diez mil después de que los líderes originales fueran ejecutados a traición por los persas con el objetivo de descabezar al ejército. Tras mucho penar y combates sin fin, los helenos consiguen llegar hasta la costa del Mar Negro, territorio colonizado por griegos, desde donde son transportados hasta la parte europea de la actual Turquía (Tracia, en aquella época). Una vez allí, en lugar de regresar a sus lugares de origen, los mercenarios se vuelven a enrolar, esta vez bajo el mando de los espartanos, que tras haberse alzado con el triunfo en la Guerra del Peloponeso pocos años antes eran los amos indiscutibles del mundo helénico. Jenofonte no los acompaña, ya que abandona su cargo y regresa a la Hélade, concluyendo aquí la narración.

El estilo del libro es sencillo y ameno, caracterizado por el uso de la tercera persona, no tanto por falsa modestia como por un afán de distanciarse de lo contado en un intento por mantener cierta objetividad. Históricamente tiene gran valor, ya que constituye uno de los pocos testimonios de la geografía y los pueblos que habitaban en las antiguas regiones hoy en día ubicadas en Irak, Siria, Armenia y Turquía antes de que aquella zona quedara bajo la influencia del mundo helénico con la llegada de Alejandro Magno. Algunos pasajes son marcadamente dramáticos o emotivos, pero también hay sitio para el humor, incluido algún que otro chiste que resulta extrañamente cercano (como cuando, al organizar una partida para realizar saqueos en territorio enemigo, Jenofonte le dice al otro jefe, espartano, que el líder debería ser lacedemonio, ya que en su educación los jóvenes de Esparta pasan temporadas viviendo en el bosque y alimentándose únicamente de lo que consiguen robar sin que los descubran, a lo que el otro contesta que también podría ser ateniense, porque en Atenas se tiene la costumbre de elegir como líderes a ladrones y corruptos). En conjunto cabe hablar de una lectura apasionante y nada pesada, que pese a la distancia temporal genera empatía y proximidad, tal vez por estar visiblemente imbuida de ese deseo de conocer e indagar personalmente en el verdadero origen de las cosas que ha caracterizado desde tiempos antiguos a lo mejor del pensamiento occidental. Si el lector no se atreve con la versión de Dakyns, seguro que encuentra más de una traducción decente al castellano.

Escuchando: Black Sabbath – 1983 – Born Again