Finde en Sigüenza (22-23 de septiembre de 2018)

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Castillo de Sigüenza, actual Parador

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Catedral de Santa María La Mayor

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Callejuela lateral

Escuchando: Defender – 1999 – They Came Over the High Pass

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SWR Barroselas XXI, Portugal, 27, 28 y 29 de abril de 2018

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Lo he dicho ya muchas veces y no me cansaré de repetirlo, menos aún después de comprobarlo por tercera vez: el Barroselas es el mejor festival de metal en el que he estado. A su tamaño ideal, mediano tirando a pequeño, se le suma la frescura primaveral del norte de Portugal, la amabilidad de sus gentes, la bondad de sus precios y lo excepcional de su gastronomía. Pero es que también el cartel escogido, que opta por mezclar sin reparos el espectro completo de estilos extremos, consigue un excelente equilibrio entre grandes nombres, formaciones emergentes y rarezas más o menos desconocidas que año tras año se va renovando como por arte de magia. Por si esto fuera poco, el área para acampar es un bosque (uno de verdad, con aroma a eucalipto), en lugar de un secarral yermo como en casi todos los festivales españoles, y las duchas son las de un polideportivo anexo al recinto, en vez de las habituales instalaciones provisionales en contenedores que empiezan a presentar fallos desde el primer día. Todo es abarcable y cercano, no hay agolpamientos ni colas, se permiten costumbres tan propias y con frecuencia tristemente proscritas como el stage diving, y la zona de los escenarios está cubierta con una carpa para proteger contra las frecuentes lluvias del desapacible clima atlántico, quizá el único punto menos positivo de la ubicación geográfica.

Tras asistir a las ediciones de 2010 y 2012, tenía muchas ganas de volver, pero el hecho de no haber residido en España más que provisionalmente lo había impedido hasta ahora. Establecido ya desde hace más de medio año en mi guarida madrileña, esta vez no tenía excusa, o mejor dicho sí la tenía, pero para dejar de escaquearme y montar una excursión hasta allí que me permitiera también pasar brevemente por Oporto, la ciudad donde residí entre 2010 y 2011. Por fortuna el festival no ha cambiado demasiado con respecto a lo que recordaba, ni tampoco ha crecido en tamaño, que era lo que más cabía temer. Todos los puntos positivos antes enumerados seguían estando en su lugar, con el añadido de una decoración del recinto algo más elaborada. El único punto negativo que cabría señalar, si nos ponemos quisquillosos, es que la zona con mesas y asientos para comer haya quedado dentro de la zona del festival y no sea posible acceder a ella con alimentos o bebida de fuera, al contrario de lo que pasaba anteriormente, pero la distancia hasta las tiendas es tan reducida que el problema no fue excesivamente grave. Lo pasé tan bien en esos tres días de metal, vida forestal, vino y bifanas que he vuelto exultante de felicidad, y cuento ya los días para la siguiente edición. A continuación, un resumen de lo que fue el Barroselas XXI desde la perspectiva de un servidor y su acompañante.

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