Fuentes, Carlos – Gringo viejo (1985)

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Fuentes, Carlos – Gringo viejo, El Mundo, Unidad Editorial, Colección Millenium, 1999 (1985)

En 1913, el célebre periodista, escritor y satirista estadounidense Ambrose Bierce viajó a México para conocer de primera mano la Revolución Mexicana. Poco después de aquello, no se le volvió a ver, y se desconoce por completo lo que fue de él. Esta interesante premisa sirve al no menos famoso escritor mexicano Carlos Fuentes para imaginar las hipotéticas andanzas del ya septuagenario personaje tras cruzar el Río Grande y adentrarse en tierras de Chihuahua en busca de Pancho Villa. En la pluma de Fuentes, el destino de Bierce se entrecruza con los de un general de la región y una joven misionera oriunda de Washington DC, en una historia que no es tanto la del escritor protagonista como la de la propia Revolución Mexicana, con todas las contradicciones y las distintas energías que puso en marcha en un país que hasta entonces había sido manso y somnoliento. El complicado triángulo amoroso que surge entre los tres personajes principales se enfoca a través de diferentes perspectivas que cruzan fechas y puntos de vista dispares, realidad e imaginación, sueño y vigilia, sin que ello siembre excesiva confusión en la trama sino todo lo contrario, ya que de ese modo se aportan pinceladas diversas que enriquecen la complejidad e intensidad del relato.

La narración es lineal en su mayor parte, salvo por determinadas intervenciones de personajes que hablan desde distintos puntos temporales, repitiéndose regularmente sus frases más características a modo de letanías reiteradas que tienen la gravedad de una profecía o un juicio lapidario, con gran efecto dramático. Las primeras páginas, de hecho, reproducen recuerdos evocados a posteriori a partir de los cuales se construye la historia, y no se entienden hasta mucho después, lo cual lejos de confundir al lector lo anima a querer desentrañar lo que de primeras se presenta como un misterio. A la manera de Rulfo y otros autores latinoamericanos de la segunda mitad del siglo XX, los narradores son múltiples y a veces indeterminados, conformando un relato coral que más parece la voz de toda una raza o nación que la expresión de un personaje en concreto. También la descripción de paisajes, colores y sentidos tiene que ver con dicha corriente literaria, caracterizada por una exuberancia sensual, unas atmósferas casi místicas y una mezcla de lo real y lo imaginario en la cual la exactitud histórica se confunde con lo legendario. A ello se suman los personajes secundarios, que componen todo un catálogo de distintos estamentos de la sociedad y refuerzan el panorama esbozado mediante personalidades rebosantes de energía y vigor. Todo esto redunda en una profundidad insondable y cautivadora para una novela que fascina por su riqueza y densidad.

Uno de los ejes que articulan la trama es la historia de amor entre la “gringa” y el general, que por momentos puede alcanzar un protagonismo que parece excesivo, pero nunca es gratuita ni unidimensional, ya que sirve también para ilustrar el desencuentro y las diferencias entre México y los Estados Unidos. En ese aspecto, el gringo viejo queda un poco relegado dentro de una novela que parecía ser sólo suya, pero esto se debe a que la narración va siempre más allá y el protagonista no es sino un elemento más de un universo complejo y casi inabarcable. De hecho, el nombre exacto del gringo no se menciona hasta el último capítulo, e incluso se juega con la posibilidad de que tal vez no fuera él, o dejara de serlo en algún momento. Esto entronca con la idea de México como territorio de lo mágico e irreal, especialmente en contraposición con su próspero e industrioso vecino del Norte, un país que el autor conoce bien, al haber vivido y estudiado en él. Pero al mismo tiempo su tierra natal también es, en el libro, un país sometido a una servidumbre de siglos, por parte de españoles primero y de criollos más tarde, que despierta de su profundo letargo y empieza a moverse, con pasos inciertos y temibles, pero también esperanzados.

Creyendo que con esta lectura iba a aprender sobre Ambrose Bierce, un autor que aprecio en gran medida desde que leí su Diccionario del Diablo hace unos años, al final he acabado aprendiendo no poco sobre México, tanto a nivel de la historia y geografía del país como del habla y el vocabulario que le son propios y se emplean aquí de modo minucioso y magistral para ilustrar la narración e insuflar vida a los distintos personajes, sin entorpecer la lectura y, cosa no menos importante, con el fin de abordar con mayor precisión la mentalidad y cosmovisión que caracterizan a sus habitantes. Me falta conocimiento para valorar si este último punto se consigue o no, pero lo que me queda claro es que el efecto es magnífico, ya que todo lo expuesto resulta fidedigno y creíble, y simultáneamente casi mítico y surrealista, como en esas películas que mezclan la rotundidad de los hechos de base con el embrujo de lo onírico sin que parezca haber ningún límite concreto entre ambos campos. Gringo viejo es una novela excelente para cualquiera que guste de la historia, la aventura, los relatos de estructura y naturaleza poco convencionales y, ante todo, para los amantes de la buena literatura.

Escuchando: Joe Satriani – 1998 – Crystal Planet

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[El Negro Metal] Disco del mes – JUNIO: Merciless – Unbound (1994)

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Merciless – Unbound (No Fashion Records, 1994)

Merciless es un grupo originario de Suecia, nacido poco antes del surgimiento del death metal en aquel país. Arropados bajo el mítico sello discográfico noruego Deathlike Silence Productions, propiedad del fallecido Øysten Aarseth, mejor conocido como Euronymous, editaron su álbum debut con el título de The Awakening en 1990. En él, fusionaron de una forma bastante original el speed metal de la década anterior con el death metal incipiente que poco a poco cobraba fuerza en el panorama europeo, fórmula que acabaría por caracterizar la totalidad de sus trabajos posteriores. […]

Merciless – Unbound (1994)

Escuchando: Jääportit – 2004 – Uumenissa

Nuevas estivales

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El verano ha llegado ya con toda su intensidad calorífica, recordándonos lo que le espera al ser humano si sigue caldeando la atmósfera como lo lleva haciendo hasta ahora. Por suerte nuestra casa es más o menos fresquita, toda una rareza en Madrid, aunque eso implica como contrapartida que en invierno pasemos más frío que cuando vivíamos en Oporto sin calefacción. Pese a ser la época en la que más aprieta el calor, los días centrales y finales de junio me gustan especialmente por diversos motivos: es cuando acaba el curso escolar, con la conclusión de todo lo emprendido durante el año lectivo y la sensación de liberación que ello conlleva; se abre la veda de piscinas, días que duran hasta las 22 y media de la noche y terrazas agradables y, algo no menos importante, el jazmín todavía permanece en flor durante unos días y por todas partes se sigue extendiendo su perfume, que aprendí a distinguir y apreciar hace exactamente un año cuando estuvimos viajando por Andalucía y parece haberse adueñado también en los últimos tiempos de la capital. Pero quizá lo mejor sea la posibilidad de tener algo más de tiempo libre, ahora que ya no hay clases, que los negocios se ralentizan y la gente se marcha de vacaciones, y aprovecharlo haciendo esas cosas para las que normalmente nunca hay tiempo.

Este principio de verano estoy de enhorabuena, ya que he conseguido aprobar el último curso de finés de la Escuela de Idiomas, lo que no solamente constituye un triunfo personal, al poner el broche a un ciclo iniciado en una fecha tan lejana como 2003, cuando me matriculé en Finés I en la universidad sin tener la más remota idea de qué era eso, sino que también supone mi primer título obtenido después de muchos años estudiando en la EOI. Además de ser una lengua que utilizo a nivel profesional desde hace varios años, recientemente he tomado parte en varios cursos de traducción literaria que me han llevado a ser seleccionado para una formación de dos semanas sobre la materia a finales de agosto en Helsinki. Será la primera vez que regrese a Finlandia desde que vivimos allí entre 2012 y 2013, y también puede ser el principio de una futura carrera en ese ámbito, que todavía me sigue pareciendo lejano y casi impenetrable. Por desgracia iré yo solo, los gastos de la estancia únicamente se sufragan para el becado en cuestión. Antes de eso hay otro viaje previsto: una expedición con varios amigos por el sur de Francia, una zona que no tengo muy explorada, ya que no queda demasiado cerca de la Bretaña en la que estuve asentado. Tanto este plan como el finlandés han surgido sin que yo lo buscara mucho, pero han terminado por perfilar un verano intenso y completo en el que no habrá tiempo para aburrirse.

Acabo de comprobar que esta es la primera entrada realmente personal que publico en este blog, no porque hubiera decidido de antemano abstenerme de escribirlas, sino porque con los años cada vez cuento menos cosas, a pesar de estar haciendo más, una doctrina en la que, a mi parecer, todo son ventajas. De todas formas, este blog no sigue ninguna pauta ni línea determinada más allá de los intereses permanentes de su autor, por lo que si en algún momento, como ahora, se me ocurre compartir algo de carácter más personal, no veo ningún impedimento para hacerlo.

Hace tiempo concebía este tipo de escritos como una recapitulación de planes frustrados y una enumeración de futuros propósitos que, aunque entonces no fuera yo consciente, no tendrían por lo general una conclusión mucho más halagüeña. Con la edad uno reduce sus expectativas y tal vez también sus esperanzas, se concentra en lo que puede o sabe hacer y deja de lado lo que considera imposible, siguiendo un criterio un tanto pesimista y escasamente romántico en aras de una mayor eficacia. A grandes rasgos, se troca el optimismo por realismo, lo cual le hace a uno más funcional pero también algo más melancólico. No creo que sea algo forzosamente negativo, cada época vital tiene sus pros y sus contras. Actualmente, pese a trabajar más que nunca, estoy logrando estudiar, leer y escribir más que en los últimos años, lo cual es todo un logro de perseverancia y organización, pero también de saber elegir a qué no dedicar tiempo. Concluya pues este texto con una nota positiva: es una virtud irse dando cuenta de todas las cosas que no son realmente necesarias. ¡Que tengan un feliz verano!

Escuchando: Nucleus – 2019 – Entity

[El Negro Metal] Nuevo programa: La Naranja Metálica #032

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Un capítulo más de su programa favorito, con interesantes novedades y clásicos atemporales… ¿o era al revés? Pinchamos temas de grupos que vuelven de entre los muertos (Serpent ov Old), de recién llegados (Vargrav) y de otros que siempre han estado ahí (Cirith Ungol), y comentamos el concierto de Possessed en Madrid al que asistimos hace poco más de una semana. Pese a haber logrado configurar más o menos bien nuestro micro, ahora el problema parece ser nuestra incapacidad para mantener la distancia adecuada. Prepárense para jugosos títulos con los que refrescar el veranito, anunciados con acento venezolano y leídos con deje escocés:

La Naranja Metálica #032

Escuchando: Nuclear Assault – 1988 – Survive

Possessed @ Caracol, Madrid, 17.06.2019

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No siempre tiene uno la oportunidad de ver en directo a una leyenda como Possessed, y menos sin tener que desplazarse a otra ciudad o asistir a algún festival de tamaño considerable. Aun así albergaba mis dudas, ya que esta nueva encarnación del grupo tan sólo incluye a su vocalista original, Jeff Becerra, arropado por un puñado de músicos que éste ha ido congregando a su alrededor desde que resucitó la formación hace unos cuantos años. Tampoco sabía muy bien en qué forma se encontraría Becerra, que lleva tiempo confinado a una silla de ruedas tras haber recibido un disparo de arma de fuego cuando alguien asaltó su casa para robar. A pesar de todas las dudas, recordé la frase que escribió un día otro Jeff en su ilustre Lista de resoluciones metaleras de Año Nuevo: “Deja de dar por hecho que los grupos van a seguir existiendo”. En este caso, Possessed venían a Madrid con la excusa de presentar un nuevo disco (Revelations of Oblivion), el primero completo en más de treinta años (!), pero quién sabe si en el futuro habrá una segunda ocasión. Como en muchas otras situaciones de la vida, estaba claro que era mejor arriesgarse a salir decepcionado que arrepentirse de no haber ido.

Todas estas consideraciones a las que di tantas vueltas en los días previos se desvanecieron en el aire, como roña en la ducha, ante lo que pude presenciar sobre el escenario de la Caracol. Jeff Becerra venía acompañado de músicos que son auténticos titanes sobre las tablas (dos de ellos miembros de un grupo tan sobresaliente como Coffin Texts) e imprimieron un estilo más moderno y agresivo a la ejecución de los trallazos clásicos de la formación, definitorios del estilo de speed metal extremo de mediados de los ochenta que daría origen al primer death metal. El cantante, por su parte, rugía con una potencia sorprendente para alguien obligado a cantar sin poderse poner de pie. Los temas del nuevo álbum sonaron casi indistinguibles de los antiguos, en una unidad estilística digna de elogio. Pero lo más importante fue quizá la actitud de los miembros del grupo, que se mostraron realmente felices y motivados por poder tocar ante un público entusiasta, que coreó y pogueó todos los clásicos con un fervor casi inverosímil para el inicio de la semana. Todo ello contribuyó a un espectáculo poderoso y electrizante que estuvo a la altura de lo mejor que cabía esperar y será difícil de olvidar.

Escuchando: Infamous – 2019 – Muttos Pro S’Aristocratzia

[El Negro Metal] Disco del mes – MAYO: Vargrav – Reign in Supreme Darkness (2019)

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Vargrav – Reign in Supreme Darkness (Werewolf Records, 2019)

Volvemos con otra reseña de un disco nuevo, publicado por un grupo que también es prácticamente novato: Vargrav, una one-man-band finlandesa que hace apenas dos meses sacó su segundo larga duración, titulado Reign in Supreme Darkness, causando gran expectación tanto por el nuevo material como por su reciente estreno sobre las tablas en el marco del SteelFest de Hyvinkää, su ciudad de origen. Esta segunda incursión supone una enorme mejora con respecto a la primera, ya que logra una versión más definida y cohesionada del black metal sinfónico esbozado en su debut del año pasado, Netherstorm. Su estilo se nutre claramente de las referencias más relevantes dentro de la misma corriente, principalmente Emperor, pero también Kataxu, y a pesar de estar aún muy pegado a sus influencias, exhibe una fuerza creativa y una maestría para hilar los temas que compensan en gran medida la manifiesta falta de originalidad, ofreciendo una escucha muy gratificante:

Vargrav – Reign in Supreme Darkness (2019)

Escuchando: DBC – 1987 – Dead Brain Cells

Vila-Matas, Enrique – Bartleby y compañía (2000)

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Vila-Matas, Enrique – Bartleby y compañía, Seix Barral, Planeta, 2000 (Reed. 2015)

Lo primero que cabe decir sobre este libro es que es cuanto menos atípico. Su narrador es un aficionado a la literatura que desde el primer momento confiesa su incapacidad para escribir, y su estructura responde a una serie de notas al pie a un texto que no existe. Algunas de las notas son de carácter personal, pero la mayoría de ellas son glosas acerca de algún escritor más o menos conocido de la literatura universal que, en determinado momento de su vida y por circunstancias dispares, decidió no volver a escribir. Este compendio de creadores voluntariamente mudos va engrosando una creciente lista de lo que el narrador denomina “escritores del No” y a la cual dedica todo su tiempo y energías tras haber abandonado su oficina indefinidamente con la excusa de una enfermedad. A través de las peripecias y elucubraciones de su malhadado y torpe pero también asombrosamente culto autor, el lector va descubriendo la vida, peculiaridades y contradicciones de distintos creadores, unos más famosos, otros bastante menos, pero todos ellos de indudable interés para quien tenga curiosidad por la historia de la literatura más heterogénea.

Bartleby y compañía es quizá el libro más conocido y reconocido de Enrique Vila-Matas, lo cual resulta un tanto extraño, teniendo en cuenta que la mayoría de escritores de su generación se consagraron como novelistas mucho antes, a lo largo de la década de los ochenta, pero tal vez esto sea una buena muestra del carácter inusual de su obra y de un autor que, en palabras de Manuel Rodríguez Rivero, ha convertido la imposibilidad de escribir en un estilo propio (cito la frase de memoria, no recuerdo en qué Babelia la leí). En ese sentido, el narrador del libro bien podría ser su alter ego, exagerado y casi cómico, pero no por ello menos identificable. Desconozco si el resto de libros de Vila-Matas comparten estas mismas características, pero mi impresión al leer este ha sido muy positiva, no tanto por la propia prosa, muy sencilla y casi sin brillo ni florituras (rasgos quizá deliberados) como por la ventana que abre sobre la historia de la literatura desde una perspectiva distinta y original. Me parece muy recomendable para quien pueda estar interesado en este último punto, para cualquier otra persona el planteamiento tal vez resulte excesivamente específico e impenetrable.

Escuchando: Krypts – 2019 – Cadaver Circulation