[El Negro Metal] Nuevo artículo: El metal extremo en el cine

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Películas que traten el heavy metal hay unas cuantas, pero las que abordan el metal extremo podrían contarse con los dedos de una mano, y todas ellas son bastante recientes. En un formato tan mainstream como suele ser el cine, no es nada raro que el metal extremo haya quedado por lo general fuera del radar, aunque es preciso puntualizar que el tratamiento recibido por el heavy metal más convencional nunca ha sido realmente ortodoxo. Desde que dicho género se puso de moda a finales de los setenta, casi todas sus apariciones en la gran pantalla han retratado un tipo de música fundamentalmente anclado en el rock, sin que puedan discernirse diferencias claras entre ambos campos. Ese es el caso de El mundo de Wayne (Wayne’s World, 1992), Cabezas huecas (Airheads, 1994) o, al otro lado del charco, las dos partes de Isi/Disi, Amor a lo bestia (2004) y Alto voltaje (2006). Todas ellas coincidían en una visión estereotipada y humorística, pero que no entraba en disquisiciones sobre la propia música o los aficionados a la misma. En esencia, no hay excesiva diferencia con las películas, mucho más numerosas, que abordan con más o menos fortuna el mundo más amplio del rock, como por ejemplo Cero en conducta (Detroit Rock City, 1999), Escuela de rock (School of Rock, 2003) o la que sin duda es la mejor de todas y un clásico imprescindible, This Is Spinal Tap (Rob Reiner, 1984). Ahora que un producto comercial como Lords of Chaos acaba de traer de vuelta al mundo del cine ecos del metal extremo y underground –poniendo todo el énfasis en el drama y casi nada en la música, como era de prever–, no es mal momento para echar la vista atrás en busca de otros títulos que se hayan sumergido también en los terrenos más oscuros y recónditos de los estilos guitarreros. […]

El metal extremo en el cine

Escuchando: Shostakovich – Piano Concertos Nos. 1 & 2 (BBC Scottish SO, Litton, Hamelin, 2003)

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Viaje a Roma (21 a 25 de enero de 2019)

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Con este breve viaje a la capital de Italia concluimos el pequeño ciclo de visitas a lugares de la Antigüedad que siempre nos habían fascinado y todavía no nos habíamos atrevido a descubrir, que comenzó en octubre en Grecia y terminó tan sólo tres meses más tarde a orillas del Tíber. Aprovechamos que la coyuntura económica y temporal nos fue favorable, después de muchos meses de desequilibrios financieros, y nos lanzamos en sendas expediciones con la sospecha de que probablemente sean las últimas a escala internacional durante una temporada, hasta que consigamos atesorar esos ansiados ahorros que son la panacea soñada de cualquier autónomo. Pero esto no significa que a partir de ahora vayamos a quedarnos en casa todos los fines de semana y fiestas de guardar. De hecho, hace ya tiempo que estamos aprovechando nuestra posición central en la Península Ibérica para ir conociendo no pocos lugares de nuestro propio país que nunca antes habíamos pisado, tras muchos años deambulando por el extranjero.

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Foros Imperiales

Para quien ama la Historia, Roma es uno de esos lugares apasionantes en los que se gestó el Mundo Antiguo tal y como lo conocemos hoy. La concentración de lugares de gran importancia histórica, como la Colina del Capitolio, el Mausoleo de Augusto o el Coliseo, retrotrae al visitante hasta épocas pasadas de enorme relevancia para el futuro de la Humanidad y que siguen ejerciendo una inmensa fascinación después de muchos siglos. Pese al aspecto ruinoso y desolado de muchos de estos enclaves, todos ellos poseen una fuerza evocadora que, aliada al conocimiento histórico de que disponemos a día de hoy, logra que sigamos apreciando su majestuosidad a pesar de su estado deteriorado y fragmentario. Paseando por los antiguos Foros romanos, por ejemplo, uno se sumerge de lleno en lo que pudo ser la bulliciosa vida de la capital del mayor imperio que haya conocido Occidente. Al contemplar el Panteón desde fuera y sobre todo por dentro, el viajero se maravilla ante la solidez y firmeza de una construcción que parece haber soportado casi intacta el inclemente paso del tiempo. Cuando se descubre el Ara Pacis, un monumento menor cuya importancia ha sido sabiamente realzada gracias a un museo llamativo y muy didáctico articulado en torno a la modesta estructura, es imposible no rendirse a la evidencia de que hasta los restos en apariencia más discretos están repletos de interés e información cuando se abordan con la metodología adecuada. Todo esto hace de la actual capital italiana un museo a cielo abierto o, mejor aún, una puerta para descubrir los cimientos de la civilización que consideramos propia.

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Laocoonte y sus hijos

Otro aspecto muy destacable y sin duda indisociable del anterior es la faceta artística de la ciudad del Tíber. A la riqueza incalculable de los Museos Vaticanos, que engloban obras maestras de todas las épocas y estilos (Pinacoteca, Museo de estatuas, Estancias de Rafael, Capilla Sixtina), se suman las colecciones no menos impresionantes de los Museos Capitolinos, repletos de arte clásico (escultura sobre todo), además de lienzos renacentistas y barrocos, y la Villa Borghèse, con cuadros (Caravaggio) y esculturas (Bernini) de primer nivel. La profusión de obras de categoría y fama internacional llega casi a abrumar, cuando uno se percata de que los numerosos museos de Roma albergan en conjunto una parte importante de las piezas más célebres de la Historia del Arte. También resulta curioso constatar que la mayoría de ellos no se limita a ningún siglo o corriente, sino que mezcla alegremente escuelas y formatos de distintas épocas sin que la perspectiva global se vea menoscabada. Al contrario, la contraposición de obras dispares que no obstante se inscriben claramente en una misma evolución del arte occidental permite observar las influencias y diferencias a lo largo de los siglos y apreciar la particularidad de cada movimiento dentro de un contexto de amplísimo alcance. Pero las instituciones museísticas no tienen el monopolio del arte, ya que las innumerables iglesias de la capital a menudo alojan piezas no menos valiosas y reseñables, accesibles no sólo a la fe del creyente, sino también a la curiosidad del turista. La propia estructura y el aspecto de estos templos da forma a la imagen arquitectónica de la ciudad, pero el arte puro también tiene su sitio en el espacio urbano, ya que a través de las incontables fuentes, estatuas y monumentos en exteriores, las artes plásticas de todas las épocas son omnipresentes en las calles, plazas y recovecos del paisaje romano.

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Interior de la Basílica de San Pedro

La historia y el arte son dos constantes que en Roma están firmemente imbricadas con otra cuya importancia no es menos destacada: la religión. Como en todo el Occidente cristiano, las iglesias jalonan en gran medida el trazado urbano, pero en pocas urbes gozan del esplendor que aquí poseen. Además de las enormes basílicas, como San Juan de Letrán, las pequeñas iglesias con su tesoro artístico correspondiente, tales como Santa María del Popolo, o los templos sui generis al estilo de Santa María in Trastévere, la gigantesca mole de San Pedro domina la ciudad entera desde la otra orilla del río, atrayendo a cientos de miles de peregrinos que acuden a ver la que ha sido sede del Papado desde hace cientos de años. Al recorrer la descomunal amplitud y riquísima decoración de la mayor basílica de la Cristiandad, uno piensa en la fascinación que tanta magnificencia ha suscitado en la imaginación de generaciones enteras de creyentes, pero también en la grotesca ostentación de poder y riqueza terrenal que provocó la justa indignación de muchos, empezando por Lutero. Las tiendas modernas de suvenires han tomado el relevo de las antiguas ventas de indulgencias, y en los alrededores del Vaticano es posible encontrar una abigarrada concentración de comercios que venden todo tipo de objetos que apelan al bolsillo de los visitantes, y sin duda serían blanco de la ira del Jesucristo bíblico si regresara para comprobar en qué se ha convertido el mayor de los monumentos teóricamente erigidos para honrar su palabra. No obstante, esta comercialización masiva de los atributos de Roma no es exclusiva de los puntos clave del turismo religioso, sino que abarca la ciudad entera. Probablemente el destino más visitado de Europa, con permiso de la no menos icónica capital de Francia, aquí la huella foránea se hace notar en la profusión de tiendas, restaurantes y reclamos turísticos, así como en los precios de los mismos, por no hablar de las aglomeraciones de grupos y turoperadores. La ventaja de haber escogido el primer mes del año para el viaje, a pesar del frío y la lluvia que ello conllevaba, es que las calles estaban bastante vacías, pero aun así encontramos una nutrida afluencia al adentrarnos en cualquier emplazamiento de renombre, por lo que temblamos imaginando cómo debe de ser la urbe en temporada estival.

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Monumento a Vittorio Emanuele II o Altare della Patria

Indiscutiblemente lo que más nos atraía de Roma es todo lo relativo a su historia y riqueza artística, pero al igual que en Grecia y otros de nuestros destinos anteriores, también teníamos curiosidad por conocer cómo es y funciona la ciudad moderna y cómo viven sus habitantes. Lo cierto es que, como ocurre en París, al pasear por las zonas más céntricas uno se codea casi exclusivamente con extranjeros, y los únicos nativos con los que entabla contacto son aquellos que se dedican al sector servicios. Precisamente fue con estos últimos con quienes pudimos charlar un poco y sacar el máximo partido a nuestros pobres conocimientos de italiano que, como cualquier español puede comprobar, ganan mucho si se parla con confianza y esforzándose por imitar bien el acento. Por lo general la gente fue bastante simpática, sobre todo para una ciudad tan literalmente inundada por los turistas. Bastaba con preguntar cómo se decía tal o cual cosa para iniciar una conversación, aunque lo más parecido a una interacción natural con la población local fue cuando un miembro de la comunidad de San Egidio nos invitó a visitar Santa María in Trastévere y tomar parte en su celebración, cosa que hicimos, además de por no contrariar su amable ofrecimiento, para poder contemplar con tranquilidad los espléndidos mosaicos de inspiración bizantina que coronan el retablo principal. Por lo demás, imagino que para hacerse una idea más cercana de lo que puede ser la vida en Roma para la gente de allí habría que moverse por los barrios periféricos o en compañía de cicerones autóctonos, lo cual lamentablemente no fue nuestro caso.

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Tiramisú casero

Pensándolo bien, nuestro contacto más intenso con la Roma “viva” fue a través de la gastronomía. Gracias a nuestro fiel Guide du Routard encontramos multitud de bares, restaurantes y bistrots donde poder degustar todo tipo de platos típicos italianos, bastante distintos de las variedades que se venden como tal en España. Al cabo de un par de días comprendimos hasta qué punto la comida es algo de enorme importancia en la cultura del país, donde cada tipo de pasta tiene su propio acompañamiento predilecto, una modificación de un solo ingrediente en una salsa (como el ragù) determina distintas variaciones regionales de la misma receta, y los platos tradicionales remiten directamente a regiones o ciudades concretas, como es el caso de la saltimbocca, eminentemente romana. En general, tanto primeros y segundos como vinos, postres o licores exhiben la misma riqueza y variedad que en España, y se veneran y disfrutan con un placer muy mediterráneo con el que nos sentimos totalmente identificados. No es difícil entender por qué los habitantes del Norte de Europa pasan siempre que pueden sus vacaciones en el Sur: clima, gastronomía y dolce vita son reclamos irresistibles para los acostumbrados al frío y la aspereza tanto en el entorno como en las propias relaciones humanas. Yo soy el primero en disfrutar de los contrastes y curiosidades que se descubren al visitar un país muy distinto al de uno, como me ocurrió en Finlandia, pero cuando viajo al extranjero y veo que la gente se reúne en familia, habla a gritos, hace ruido y aspavientos por la calle y no se toma nada demasiado en serio, es imposible evitar sentirse como en casa, y la sensación es infinitamente agradable.

Escuchando: Cruel – 2013 – Witches Danze to Me, Come to Die

[El Negro Metal] Nuevo programa: La Naranja Metálica #030

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Volvemos a la normalidad tras nuestro especial de italo-metal, estrenando las primeras novedades interesantes de este año. Después de una larga sequía, hemos vuelto a asistir a conciertos, por lo que aprovechamos para comentar cómo fue el paso de Septicflesh y Deströyer 666 por la capital del Imperio (venido a menos). Glosamos también las excelencias de una película de temática metalera que hemos visionado recientemente (Hevi reissu, en inglés Heavy Trip) y, como en anteriores ocasiones, nos deleitamos cantando como deficientes y perpetrando terribles juegos de palabras que harán estremecerse al oyente más curtido. No se pierdan tampoco nuestro relato de cómo un hipster nos abordó confesándonos que escuchaba black metal, con la intención de impresionarnos… o eso creía él. Como de costumbre, encontrarán aquí el mejor death, black y thrash metal existente en el planeta y no esa mierda de deathcore de garrafón o post-black que se vende por doquier:

La Naranja Metálica #030

Escuchando: Elgar – Menuhin – Violin Concerto, Enigma Variations (1932-1926)

Elecciones 2019

Aquí va otro panfleto preelectoral, a la atención de quienes todavía tengan dudas.

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Pasados ya cinco años desde el nacimiento del partido y a las puertas de unas nuevas elecciones, es buen momento para recapitular sobre la andadura reciente de Podemos. A diferencia de aquellas primeras citas electorales en las que todo era novedad e ilusión, a estas alturas existen no pocas sombras y dudas sobre la evolución del partido y sus últimas maniobras, y soy partidario de hacer un ejercicio de crítica tan sincera como sea posible. A nivel de simpatizante, he podido comprobar cómo las últimas primarias (hablo por la Comunidad de Madrid) han sido más un plebiscito que unas verdaderas elecciones, ya que tan sólo se presentó una lista, junto a un puñado de candidatos sueltos. No sé si es un caso que se repite en muchas más Autonomías, pero me parece un síntoma preocupante de la creciente falta de pluralidad en la formación. También el relativo fracaso hasta la fecha a la hora de reeditar las exitosas confluencias de 2015 y 2016 agita el viejo fantasma del peligro de fragmentación de la izquierda por cuestiones ideológicas de segundo rango o, peor aún, luchas de egos y pugnas por sillones. La postura de Podemos en la cuestión catalana, uno de los temas más relevantes de esta campaña electoral, también ha resultado claramente perjudicial para sus intenciones de voto. En este caso, no obstante, cabe señalar que dicha postura, a favor de la negociación y de un referéndum pactado, es la misma que el partido defiende desde sus orígenes, y si últimamente se ha visto relegada ha sido más por el envenenamiento del debate público que porque haya sido descartada por sus potenciales votantes. Algunos señalan también como error el no haber capitalizado el éxito de la moción de censura de Sánchez para ocupar varios ministerios y desempeñar verdaderas funciones de responsabilidad estatal, pero esa aparente debilidad se debe, a mis ojos, a la voluntad de no poner ninguna traba para que Sánchez pudiera ser presidente en lugar de Rajoy, y en ese gesto debe verse más generosidad que torpeza. Por último pero no menos importante, la gestión de un asunto tan nimio como el del chalé de Pablo Iglesias, al ser objeto de una desafortunada consulta a las bases, convirtió en cuestión de Estado lo que no debía haber salido del ámbito personal, regalándole a la prensa más motivos de difamación gratuita. Independientemente de que el fondo del asunto fuera una hipoteca por una cuantía que dista mucho de ser desmesurada, el impacto simbólico fue mayúsculo, porque supuso la transformación del joven idealista de Vallecas en un señor propietario de Galapagar, y no hay que olvidar que en política los símbolos, y no sólo los discursos, son fundamentales.

Todos los puntos enumerados y algunos más los tengo en cuenta al escribir estas líneas, pero lo cierto es que no soy ningún desencantado. Desconozco si los más acérrimos partidarios de Podemos hace unos años se cuentan ahora entre sus mayores detractores, pero en lo que a mí respecta ni he sido un incondicional en los primeros tiempos ni tampoco ahora echo pestes de lo que pudo ser y no ha sido. Cuando uno se mete en el fango de la política, enfrentándose a cuestiones prácticas, se ve obligado a aceptar compromisos e incurre en contradicciones de todo tipo. En el caso de Podemos, tal vez el escollo más importante al que se ha enfrentado durante la última legislatura haya sido la dificultad de conjugar su representación en el Congreso con su naturaleza originaria de movimiento extraparlamentario, aunque incluso en este aspecto el balance ha sido positivo. La coalición Unidos Podemos no solamente ha traído a la Cámara nuevos aires y discursos, además de perfiles más coloridos y distintos de lo habitual, sino que también ha llevado a cabo una intensa actividad parlamentaria, transmitida en el mejor de los casos con gran discreción por la mayor parte de los medios, y parcialmente frustrada por el propio funcionamiento del Congreso. Junto a numerosas iniciativas que no lograron prosperar, sus dos éxitos más señalados son sin duda la histórica subida del salario mínimo, cuyo cuantía final cabe atribuir más a Podemos que al PSOE, y los malogrados Presupuestos Generales pactados para 2019, los más sociales de toda la historia de la democracia en España, que habrían sido refrendados si no fuera porque ERC decidió que su afán independentista primaba sobre cualquier otra consideración estratégica o ideológica. Estos dos hitos son buena muestra de lo que ha podido conseguir una fuerza progresista tratando con un PSOE sin mayoría absoluta que no pudo permitirse, como en otras ocasiones no muy lejanas, olvidar lo prometido a las bases y los votantes durante la campaña electoral para dejarse guiar por la cúpula del partido, visiblemente más afín a las directrices de los consejos de administración.

Las elecciones que tenemos a la vuelta de la esquina son singulares porque han dejado al descubierto, por primera vez en mucho tiempo, dos opciones políticas claramente diferenciadas, una de tendencia progresista, más social y dialogante, y otra reaccionaria, de corte neoliberal y autoritario. Las tres derechas de Colón, además de compartir su uso de la bandera para tapar todos los problemas de desigualdad, el desmantelamiento del Estado de bienestar y los servicios públicos y el retroceso progresivo de derechos sociales y libertades individuales, coinciden en apuntar, con buenas palabras y apelando al optimismo, hacia un futuro que enfrente a los pobres con los muy pobres y favorezca únicamente a quienes ya obtienen los máximos beneficios del modelo social predominante. Pero lo más preocupante probablemente sea la aceptación pública del discurso de la más reciente y extrema de esas tres fuerzas, que no es muy distinto del que era hegemónico antes de la implantación del actual régimen democrático. El ideario franquista sobrevivió a la Transición y siempre ha estado ahí, escondido en los recovecos más discretos que le reservaba el Partido Popular, pero en el momento en que la escalada nacionalista se ha vuelto bilateral ha salido a la luz sin disfraces ni medias tintas, en una escalada vertiginosa que se ha convertido en una de las dinámicas más relevantes de la precampaña. A mi modo de ver, la táctica de centrarse en lo disparatado, extremista o intolerable de las propuestas y los exabruptos de Vox es un error, porque lleva a regalar a dicha formación un espacio mediático y una iniciativa que no merecen ni les corresponde. La mejor manera de combatir su aparente auge es contraponer su programa, atávico en lo social y ultraliberal en lo económico, con las medidas enunciadas en el programa electoral elaborado por Podemos, que no solamente incluye medidas sociales, fiscales y educativas de signo claramente progresista, junto a puntos fundamentales que nadie más recoge, como la devolución del rescate bancario, sino también interesantes propuestas económicas relativas a energías renovables, innovación y desarrollo a través de un impulso al sector público y los pequeños emprendedores, que resultarían muy beneficiosas en un país que cada vez se va polarizando más hacia un panorama con un puñado de grandes empresas con beneficios multimillonarios que pagan cada vez menos impuestos y una masa de trabajadores precarios cada vez más empobrecidos. La peor opción para los próximos cuatro años en España sería un gobierno de las tres derechas en coalición, como el que recientemente se hizo con la Junta de Andalucía, donde con el menor número de votos la extrema derecha parece dictar en muchos aspectos la política a seguir, ante la connivencia de las otras dos. La opción que los medios y las grandes empresas defienden como “sensata”, la suma de PSOE y Ciudadanos, tampoco sería deseable por la mencionada tendencia socialista a alejarse de sus posturas de izquierda en cuanto tienen el poder bien asido, por no hablar de los postulados profundamente neoliberales en lo económico y absolutamente difusos en lo social de la formación naranja. Si algo ha demostrado esta última y breve legislatura es que en la coyuntura actual es necesario un gobierno progresista que recupere los años perdidos en políticas de austeridad contraproducentes, ponga coto a los excesos más salvajes del capital y permita a la gente humilde ganarse la vida dignamente y prosperar para beneficio del bien común, y un gobierno así solamente se conseguirá si en él figura Unidas Podemos.

Las encuestas y los pronósticos pintan bastante negros de cara a la inminente cita electoral, ¿pero cuándo han sido realmente positivos? No tiene ningún misterio que Podemos, independiente desde un principio gracias a la autonomía que le otorga el hecho de financiarse a través de microcréditos y préstamos de pequeñas cantidades (sistema de cuya efectividad un servidor puede dar fe personalmente), y que sacó a la izquierda combativa del cómodo e inofensivo margen inferior al 10% en el que llevaba décadas recluida, haya sido y siga siendo blanco de todas las iras de las altas esferas mediáticas, políticas y económicas. Se remueve cielo y tierra para atacar a la formación morada y a sus aliados de todas las formas imaginables, mediante mentiras y manipulaciones de las que hemos tenido constancia a cuentagotas, principalmente a través de las revelaciones acerca del funcionamiento de las cloacas del Estado, de cuya gravedad no somos ni remotamente conscientes. Pero si nos olvidamos de toda esa ponzoña que se trata de verter sobre ellos y acudimos directamente a sus fuentes y propuestas, lo que queda es un partido-movimiento que trata de aplicar políticas de izquierda y progresistas en un contexto europeo y global que cada vez gira más hacia la derecha, en el que cada cita electoral de calado se ilustra mediante la falsa dicotomía entre la vieja socialdemocracia vendida al neoliberalismo y el austericidio pero aún “civilizada” y la nueva extrema derecha cuyo auge augura futuras guerras y desastres. Esta disyuntiva es falsa, ya que existe otro camino distinto que pasa por poner a las personas, los servicios públicos y los cuidados en el centro y orientar hacia ellos las políticas de los Estados. Esta perspectiva podría parecer utópica, pero a la luz de lo acontecido durante la última legislatura, está más al alcance que nunca. Ya no se trata de que Unidas Podemos se haga con la mayoría en el Congreso como en los primeros tiempos, ni tampoco de que logre el tan ansiado sorpasso al PSOE en las elecciones. Vistos los precedentes, basta con que tengan un margen suficiente dentro de un gobierno de coalición para poder ejercer una influencia progresista y marcar el rumbo de la política nacional. Que lleguen a poner en práctica tan sólo una pequeña parte de lo expuesto en su programa electoral ya sería una buena noticia para quienes tratamos de medrar careciendo de los apellidos adecuados o de determinados padrinos en las esferas más altas. En ese sentido, no hay mejor voto útil que el que se destine a Unidas Podemos, y conviene recordar que, como suele suceder, la abstención beneficiará únicamente a la derecha y a sus planes inmovilistas y reaccionarios. Con el fragmentado panorama actual, por primera vez en muchos años unos pocos miles de votos pueden decidir mucho, así que es hora de animarse, movilizarse y contribuir a que las cosas cambien para el bien de la mayoría, porque, a diferencia de numerosas citas electorales no muy lejanas, esta vez sí hay alternativa.

Si os gusta e inspira el texto, os invito a que lo compartáis con todos vuestros amigos y conocidos capaces de leer algo más largo que un tuit o un titular. ¡Cada voto cuenta!

Escuchando: Форум – 1984 – Белая ночь

Deströyer 666 @ Silikona, Madrid, 05.04.2019

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El pasado viernes los australianos afincados en Londres Deströyer 666 pasaron por Madrid en la gira de presentación de su nuevo EP, Call of the Wild, y un servidor decidió no perderse la cita. Vinieron acompañados por un grupo local llamado Sota de Bastos, que no llegué a ver, a pesar de haberme quedado maravillado con su nombre, así como de los vitorianos Nuclear Revenge, una jovencísima formación de black/thrash bastante potente y muy apropiada para abrir el concierto del grupo principal. Aunque aprecio casi toda la discografía de los aussies, el último álbum largo no fue de mi agrado por tratarse, a mi modo de ver, de una simplificación y trivialización de su estilo característico, así que no sabía muy bien a qué atenerme en lo relativo al repertorio. Temía que pudiera limitarse casi exclusivamente a lo más reciente, cosa que afortunadamente no sucedió. Por otra parte, de la formación clásica llegada de Australia tan sólo queda el líder y vocalista, por lo que desconocía hasta qué punto iba a encontrarme con una plantilla consolidada o una cohorte de reemplazos más o menos temporales. Por suerte, todos los músicos resultaron ser sobresalientes, y la actuación fue tan enérgica y entregada que no me arrepentí lo más mínimo de mi asistencia.

Los grupos que militan en el terreno del black/thrash suelen caracterizarse por una intensidad constante que en estudio a menudo produce resultados demasiado simples o tediosos, pero en directo se convierte en una virtud, al conseguir que hasta la más sencilla de sus canciones suene como un vendaval de destrucción, con la consiguiente reacción alocada por parte del público, como sucedió en esta ocasión. Este defecto relativo afecta incluso a los nombres más encumbrados de este particular subsubgénero que, en opinión de este cronista, serían Nifelheim, Aura Noir y Desaster. Deströyer 666 no es una excepción a esta regla, aunque cuenta con un estilo propio suficientemente marcado como para que su música consiga sobresalir. Lo cierto es que ninguno de sus discos me parece una verdadera obra maestra de principio a fin, pero todos ellos tienen temas o pasajes logrados y destacables. Verlos en concierto ha añadido una nueva dimensión en la que el grupo gana muchos enteros, y fue imposible no mover la cabeza y disfrutar del espectáculo, en una sala con el tamaño perfecto para un grupo de tamaño mediano y, cosa no menos importante, precios populares y ambiente familiar.

Escuchando: Carnivore – 1987 – Retaliation

[El Negro Metal] Disco del mes – MARZO: Imprecation – Damnatio ad Bestias (2019)

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Imprecation – Damnatio ad Bestias (Dark Descent Records, 2019)

Tras haber prestado atención a los nuevos discos de Zloslut y Pensées Nocturnes, bastante decentes ambos pero sin llegar a ofrecer nada espectacular, ha llegado a mis oídos el primer álbum realmente bueno de este año, el nuevo larga duración de los estadounidenses Imprecation, titulado Damnatio ad Bestias. Este nuevo disco llega casi por sorpresa nada menos que seis años después del anterior, que por extraño que parezca, supuso el debut del grupo, a veinte años de su fecha de fundación original. Imprecation es una de esas formaciones que pese a haber estado activa durante buena parte de los años noventa nunca llegó a grabar un álbum en condiciones, y tras su disolución poco antes del nuevo milenio regresó a finales del decenio siguiente para reclamar lo que el destino le había negado en su momento. Grupos de este tipo son los que tomaron el relevo creativo de todos los grandes nombres que venían agotándose desde finales de los noventa, consiguiendo que el death y black metal de principios y mediados de la década de 2000 tocara fondo de una forma vergonzosa que a día de hoy nos parece inimaginable. Desde aproximadamente el año 2007 hemos asistido, en términos generales, a un aumento cualitativo en los distintos subgéneros del metal extremo de la mano del renacer de la vieja escuela, e Imprecation ha sido uno de los protagonistas indiscutibles de lo que cabría denominar la “edad de plata” del metal. […]

Imprecation – Damnatio ad Bestias (2019)

Escuchando: Ectovoid – 2019 – Inner Death EP

Aviador Dro Concierto 40 Aniversario @ Sala Changó, Madrid, 23.03.2019

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En mi círculo de conocidos me he encontrado ya con varias personas que, al surgir en una conversación el nombre de Aviador Dro, se referían a ellos como “uno de esos grupos de pop ñoños de los ochenta”. Semejante afirmación demuestra, por un lado, que el nombre sí suena familiar pero, por otro, que muchos ignoran por completo la verdadera naturaleza de su música. La entidad conocida bajo ese nombre, lejos de ser un grupo ñoño o uno de tantos, es tal vez una de las mejores cosas que dio el panorama musical nacional durante la década de los ochenta. A medio camino entre la solemnidad neoclasicista de Kraftwerk y el brillo festivo y pegadizo de Gary Numan, el Aviador abrió su propio camino explotando el dinamismo bailable del electropop sin renunciar a la profundidad conceptual de la electrónica más seria, con una estética visual sencilla y casera pero no exenta de imaginación. Su obra mezcla futurismo mecánico, utopía política revolucionaria, pesimismo irónico y genuino romanticismo de la era industrial en canciones tan llenas de ritmo como de contenido. Su producción musical se extiende hasta nuestros días, aunque después de una fructífera época de éxito durante su primera década, su actividad creativa fue ralentizándose paulatinamente. Además de por su estilo original, Aviador Dro destacaron por su decidida autonomía al crear una discográfica propia con un nombre que no daba lugar a confusión (Dro), ante la negativa a publicar su música por parte de los sellos establecidos. La iniciativa fue tan próspera que se les fue de las manos, convirtiéndose pronto en un gigante de la música independiente, y sus fundadores se bajaron pronto del carro para desarrollar otros proyectos empresariales no menos exitosos, como las populares cadenas de tiendas de cómics y juegos Arte 9 y, después, Generación X.

Tras muchos años disfrutando de la música de Aviador Dro he podido por fin asistir a uno de sus conciertos, nada menos que al que celebró sus cuarenta años de actividad. La señalada efeméride hizo que participaran distintos artistas amigos del grupo, turnándose sobre el escenario en una serie de duetos que se sumaron a un nutrido setlist con temas de todas las épocas, desde éxitos indiscutibles como “Nuclear sí” o “La chica de Plexiglás” hasta títulos más recientes como “Aracne”, pasando por una de las canciones pop más bonitas que se han escrito en castellano como es “Selector de frecuencias” o la favorita de un servidor, “Vórtex”. Dejó algo que desear el sonido de la sala, una de esas discotecas cuya acústica deficiente no las exime de acaparar la mayoría de los conciertos de la capital, o tal vez la culpa la tuvo la gran afluencia de público (sold out en toda regla), que hizo que servidor y consorte tuvieran que posicionarse bastante lejos del escenario. Los graves de la percusión sonaron casi siempre mucho más fuertes que los teclados, aunque no sabría decir si eso se debía a una mala ecualización o a una decisión consciente del técnico y el grupo de ofrecer un sonido más tecno y modernizado. En todo caso, fue interesante comprobar cómo ninguno de los temas sonó exactamente igual que en las grabaciones originales, lo cual es testimonio del afán de los músicos por renovarse constantemente. Para mí supuso sumar una nueva dimensión a una formación que siempre me ha gustado y por la que siento gran respeto y admiración, y que cuatro décadas después sigue sabiendo cómo deleitar a su público.

Escuchando: Aaranith – 2001 – Dekapitation of the Lamb (Demo)